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LA RESURRECCIÓN DE IMPREBIS

Por Enrique Herreras

Al tercer día de la Mostra d'Alcoi 08 nadie resucitó, pero sí que nos sorprendió. Me refiero a Roberto García, quién invadió el Teatro Principal con una propuesta muy especial, Moby Disc. En sí, esta producción de L'Horta Teatre es otra vuelta de tuerca a un espectáculo anterior, titulado Oral, que sólo se pudo ver en el pasado festival Veo de Valencia. Si aquello era un experimento sonoro a partir del tema de la inmigración, ahora vimos y oímos un juego repleto de sentimientos y de otros sonidos impuros. Se trataba, ante todo, de buscar los múltiples posibilidades que ofrece la creación de un universo sonoro, la voz hablada, el canto, la voz grabada, la construcción de una historia la compra de un libro, de un clásico, Moby Dick; una relación de pareja; pero también la deconstruccón de todo lo edificado, porque sólo queda vivo el principio y el final del libro de la gran ballena blanca, del libro que narra un sentimiento de venganza, pero también del difícil dominio de la naturaleza. La física y la química, es decir, la humana.

Los intérpretes, Esther López y Alfred Picó realizan, pintan, esculpen un trabajo precioso, mesurado y muy medido y a la vez brilla espontaneidad. Matemática pura, repleta de sentimientos, de canciones, de quejas, de ecos de lo dicho, de profundidades en medio de una superficialidad absoluta. Pero hay en este, a todas luces, curioso espectáculo, otro intérprete, los efectos electroacústicos, esto es, ritmos musicales, y momentos grabados, como las risas del público en directo. Todo entra, enriquece, en esta partitura de anchos horizontes, que estruja a la tecnología. Ahí estaban, para demostrarlo, en vivo y en directo, Roberto García y Juan Pablo Mendiola, verdaderos espíritus de esa, en cuanto menos, innovadora experiencia. Y eso ya es mucho en estos tiempos que vuelan y corren y que, a veces, muchas veces, no quedan grabados, como sí queda este espectáculo. Al menos formalmente, aunque nos siga dejando incógnitas en el aire. De eso se trata.

Casas de muñecas

El siguiente paso del día fue Ella se va, espectáculo dirigido por Antonio Tordera a partir de una obra del veterano Jerónimo López Mozo, Premio Ciudad de San Sebastián 2002. Antes de adentrarme en ella no puedo deja de compararla con la otra obra presentada en la Mostra y que trata un mismo tema, la violencia de género. Me refiero a Insumissió. En las dos, hay una estructura a modo de flashes en los que se entremezcla la vivencia diaria con la denuncia pública; la ficción y la realidad. En las dos se muestra más la violencia psicológica que la física (la que no deja huellas). En las dos alguien (ella) se va al final.

Sin embargo, en el primero, la concepción dramática es más de hoy (no digo esto desde una valoración ni positiva ni negativa, sino todo lo contrario), por lo que necesita que lo personajes se confiesen al espectador (un hecho que tradicionalmente ha estado más unido a la narrativa que al teatro), y en el segundo, aunque con una forma innovadora, aún se guardan las formas teatrales, ya que el interior de los personajes lo tenemos que intuir a través de su comportamientos.

Un tema que sólo apunto para reflexionar en un futuro, porque ahora urge enredarnos en esta obra que no niega que quiere homenajear aquel gran portazo que dio Ibsen contra la situación de la mujer de su tiempo (Casa de muñecas). Ahora, la protagonista, encerrada en una situación siniestra, debe vérselas para salir de ese atolladero en el que se introdujo como si de una película de ficción de tratara (él no es Bogard ni ella es Ingrid Bergman). Sólo el arrojo y el ingenio le ayudarán a salir de su dolor, de esas heridas invisibles que trasporta.
Jorge Eines me dijo hace poco que "el individuo precisa del arte para que la realidad no le mate". Algo así ocurre en esta obra, que no quiere ser un estudio sociológico, más bien surge de la necesidad de irrumpir en un tema y expresar sentimientos, y dobles fondos (la búsqueda de la felicidad entra también por sus rendijas). En varias escenas el autor logra expresar la indefensión, el desamparo y las ilusiones de un personaje. Ella no se va por evitar más humillación. Y si lo hace, lo hará con el labio roto, como marca el maquillaje final. Todo es más complejo de lo que parece.
Y aquí no se trata sólo de ver vida, sino buen teatro. Antoni Tordera ha planteado una sugerente y penetrante puesta en escena, jugando con un espacio único y multifuncional (Luis Crespo), no realista, y una atmosférica música de Pep Llopis. Un espacio que, a la vez, permite alas, para vivir la adversa realidad, y soñar. Maribel Bravo, espléndida.

Improvisación y canción

No, sí que resucitó algo en este tercer día, el espíritu de Imprebis. Musicall, así se titula esta reencarnación de aquella experiencia teatral que tantas alegrías le dio a grupo L'Om (hasta fagotizó su nombre, rebautizado por el de L'Om-Imprebis). El artífice es el mismo, el director francés Michel López, aunque ahora participe el nombre de Yllana junto al de Imprebis, a modo de coproducción.

Es evidente que el presente espectáculo alcanza otros horizontes que el anterior. Ahora la improvisación sigue brotando de lo que el público pide (ya no lo escribe éste sino que lo envía a modo de sms) pero vuela hacia terrenos del musical.

Tengo que decir que el comienzo, una cancones y bailes muy estándares, y muy parecidos al de algunos concursos televisivos, no hace que la cosa pinte nada bien. Y no lo hizo. No me entusiasmó, sobre todo la puesta en escena y concepto general del espectáculo. El encanto del musical se degrada, queda supeditado a florituras sin emoción, sin corazón. Pero, es evidente que la fórmula funciona para un amplio público. Porque de eso se trata, de una especie de concurso en el que los concursantes, unos actores-cantantes, tienen que superar distintas pruebas, improvisar sobre las más dispares frases que los espectadores sugieren. Improvisar actuando, pero también cantando. Y en esto tienen mucha importancia también los dos músicos del escenario. Y el azar en esta ocasión planteó retos difíciles, siempre superados de una forma u otra, con mayor o menor atino, pero siempre atino. Guste o disguste el espectáculo, al que no se necesita gran esfuerzo para entrar, hay que reconocer que tanto los cinco intérpretes como los dos músicos están muy preparados, bien entrenados. Y que salen, brotan buenas ideas. Y esto es lo cierto, otra cosa es que hablemos de la trivialidad del planeamiento. Pero si hacemos un concurso sobre trivialidades en el teatro actual, no sé quién ganaría, el podio estaría repleto.

La imaginación de los neumáticos

A continuación, y ya a la fresca, nos topamos con otra fórmula, pero bien distinta, la inventada por el grupo Chapertons y con la que ha viajado desde 1992, desde aquel recordado Boom. Ahora, con Goma gon, el grupo catalán sigue ahondando y progresando sobre las posibilidades que ofrecen los neumáticos para inventar mundos teatrales. Mundos donde la mímica se junta con mil historias que estos artilugios ofrecen, desde un imponente coche de Fórmula 1, hasta una lancha motora que vive una travesía al estilo del Titanic (con un iceberg borde incluido). En fin, todo un clásico, renacido también. Vaya con este tercer día.

¡Conecten los móviles!

Un tercer día que comenzó con una petición insólita en una sala de teatro. El actor Valentí Piñot (Pimpineles) pidió al respetable que conectara los móviles. Un verdadero acto trasgresor, para pasar después a entrar en el mundo del teatro, a concer a August: el teatre del teatre, a la propuesta de un soliloquio (de Antoni Valesa y el propio actor) a veces divertido, a veces tierno, a veces de verdadero music-hall (me encantó el primer número musical,)... Creo que el espectáculo se excede de referencias teatrales, y debieran entrar otras del mundo circundante, pero ante todo se percibe un amor al teatro, a la vida del teatro. A sus luces más que a sus sombras (otra resurrección, el teatro en su pureza).Desde la figura del actor, el que se viste de personajes, hasta los autores, los mitos, los técnicos y los programadores (el día daba para hablar de esta particular especie teatral). Lo mejor, la presencia y el encanto escénico de Valentí, al que se le ve muy versado en estos menesteres. Lo que antes se llamaba tablas.